Aún recuerdo aquel mensaje que recibí una tarde por parte de Eduropa donde me preguntaron “Si deseaba mejorar mi inglés antes de comenzar mi especialización en Toronto”, entonces ellos podrían ofrecerme un mes de intensivo en Malta. En un principio no lo podía creer y de pronto en un abrir y cerrar de ojos ya estaba montada en el avión rumbo a Malta, un poco nerviosa pero muy emocionada con muchas expectativas y con la certeza que las próximas 4 semanas estarían llenas aventuras.
Así lo sentí cuando las puertas del aeropuerto se abrieron y una vibra muy bonita y positiva invadió mi ser y ahí estaba, lista para todo lo que viviría próximamente.
Me hacía bastante ilusión el tema de pasar una temporada en Malta, practicando mi inglés , hacer nuevos amigos y que al terminar clases cada día contaría con la ventaja de estar cerquita del mar . ¿Cuántas posibilidades pudieran existir? Desde una tarde tranquila para tomar sol, explorar la historia de la isla, contemplar el atardecer desde algún lugar secreto, ir de fiesta a la orilla del mar o hasta tener un amor de verano. Que emocionante!
Mis primeros días en Malta: llegué un fin de semana antes de dar inicio a las clases ya que quería saber como era la isla, donde quedaba el instituto y donde me alojaría; también como funcionaba el transporte y saber sobre las distancias de un lugar a otro.
Sliema se llama la ciudad donde queda el instituto de inglés: Inlingua
Así que decidí buscar hospedaje en esta misma zona. Primero reserve 2 noches por Airbnb, mientras encontraba donde quedarme definitivamente por todo el mes.
Pregunté a varias personas y todos me decían que lo mejor era buscar por Marketplace de facebook, eso hice, me dediqué a entrar en grupos de latinos en malta y de viviendas. Contacté con varias personas y solo con dos de ellas quedé para visitar ya que la mayoría de los alquileres pedían depósito y era por mínimo 1 año de estancia, yo solo necesitaba un mes.
La primera ubicación que fui fue en Valleta, la capital de Malta, super linda la zona pero un poco retirada del instituto aunque el precio era bastante irresistible, solo 400 Euros (pero a esto había que sumarle el costo de ida y vuelta del bus, del ferry y el tiempo en llegar cada mañana a clases).
Y la segunda fue la que decidí: a solo 10 minutos en bus y caminando unos 18 minutos.
Un apartamento Pent House para compartir con otra chica, 650 Euros incluyendo los servicios y lo mejor a una cuadra de la playa y dije: “Aquí es, no buscaré más”.
Al día siguiente comenzaba mi primer día de clases y puedo describirlo, comenzó con un día hermoso y soleado, caminaba hacia la parada de bus que está justo a la orilla del mar, así que mientras esperaba contemplaba los primeros rayos del amanecer. Estaba muy feliz, la ruta me encantó porque además de ver el mar, puedes ver a la gente trotando, paseando a sus mascotas, abriendo sus negocios y otros camino a comenzar su día.
Al llegar al Inlingua noté que había muchas personas en la entrada y me di cuenta que también estaban recién llegados y eran de distintas partes del mundo, desde Austria, Italia, Colombia, Venezuela y otros países.
Al entrar me esperaba Daniela, una de las chicas del instituto, ella me recibió con mucho cariño, tenía listo para mi una carpeta con mi horario de clases, junto a mi libro, cuaderno, flyer de la isla, cupones de descuentos ya que ellos tienen convenios con algunas compañías y mientras me explicaba donde estaban las aulas y cualquier duda que pudiera tener; me contó que a las 2 de la tarde tenía una actividad para conocer la isla con las otras personas que también daban inicio ese mismo día.
Las clases dieron inicio a las 8.30 am y yo me sentía como cuando estaba en mi época de la universidad, pero esta vez en una isla que se respira un ambiente vacacional.
Las clases fueron súper dinámicas, mucha conversación y actividades participativas.
Finalizaron a las 11.45 am y mientras esperaba un par de horas para nuestro encuentro aproveché para explorar alrededor y almorzar. Me llamó la atención un restaurante a la orilla del mar y ahí decidí sentarme a comer. Desde la atención, hasta la comida y el precio todo estuvo muy bien.
A las 2 de la tarde nos encontramos para ir a conocer La Valeta, la capital de Malta siendo el centro económico y administrativo del país, es una pequeña ciudad que se encuentra muy cuidada con un encanto destacable.
Un dato es que La Valeta es la capital más pequeña y bonita de Europa, también llamada: “La Ciudad dorada del continente”. El paseo duró dos horas aproximadamente y luego volvimos de regreso a Sliema .
Y así es como todo comienza apenas, ya les seguiré contando más sobre esta aventura.
#SylviaEnMalta
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